Marcar el compás
Cuando era más chica admiraba en mi mamá la capacidad de que todo nuestro universo girara en torno a ella.
Mamá salía a colgar ropa, ahí íbamos todos atrás, niños pidiendo cosas, adultos cebando mates, animales acompañando.
Mamá armaba ronda frente a la estufa y automáticamente todos nos sumábamos, adolescentes malhumorados, adultos enquilombados y mascotas agradecidas, todos admirando el fuego y respirando en equipo.
Mamá se acostaba y la ronda se desvanecía como si el núcleo desapareciera.
Me resultaba increíble ver cómo todo el universo se movía al compás de sus movimientos.
Desde hace un tiempo me reconozco núcleo de mi universo.
Salgo a colgar ropa y ahí están Júpiter y Lucia acompañando aunque hace segundos estuvieran en la más profunda de las siestas.
Apronto un mate y me siento en el sillón y automáticamente tres seres vivos están encima con sus lenguajes de amor a flor de piel.
Estoy triste o enferma y su compañía se vuelve indispensable.
Ahora entiendo que Tadeo, Lucia y Júpiter son el universo que orbita a mi alrededor, increíblemente arrasador el sentimiento de responsabilidad que despierta en mi.
Pero también la conciencia de que marco el compás de los cuatro, y que mi calma, mi amor y mi encare en la vida, va a ser el de todos.